Jorge Caicedo un liquidador de tiempo sin tiempo para relajarse

14/11/23 12:17

 

Jorge Enrique Caicedo Cuero, tiene 65 años, 41 de los cuales ha dedicado a trabajar en EMCALI. Su cargo, analista de registro y control de tiempo, es supremamente delicado, porque ese tiempo, esas horas que registra a diario, se convierten en dinero, por ello, tiene que hacer bien su trabajo, con el mínimo posible de errores.

Llegó a la empresa gracias al deporte; por sus habilidades futbolísticas entró a formar parte de la Selección de EMCALI y esta condición lo afianzó en su aspecto laboral. Era los tiempos en que ganar el torneo interempresas significaba mucho en la ciudad.

 

Jorge Caicedo

 

Ingresó como mensajero, luego pasó a ser auxiliar de oficina, concursó y fue nombrado en lo que llamaban para la época “el apuntador de tiempo”. Después pasó a cumplir funciones en recursos humanos y, ahora, el cargo se denomina analista de registro y control de tiempo.

Con el correr de los años el cargo de Don Jorge ha evolucionado. En un inicio se utilizaban tarjetas control elaboradas en cartón o cartulina que correspondían, por su número de registro, a cada empleado. Eran las históricas tarjetas de perforación.

Al cabo de unos años llegaron los relojes de mano, dispositivos electrónicos en los que el trabajador colocaba su mano y marcaba; si salía luz verde había marcado bien, si daba luz roja, no había registrado la marcación, debiendo repetir el proceso hasta que alumbrara en verde y quedara registrado el ingreso.

“Con el paso de los años, nos modernizamos y llegaron los relojes biométricos, que son los actuales. La persona se aproxima al lector, dicho lector le toma el rostro y le dice acceso correcto, quedando el registro exacto de la hora de ingreso. Hay personas que registran cuatro veces al día, otras dos y otras no registran, porque están exoneradas”, afirmó Jorge Caicedo.

La marcación biométrica trajo consigo muchas ventajas, ya no hay espacio para marcaciones fraudulentas o para equivocaciones a la hora de liquidar el tiempo de cada uno de los trabajadores.

Jorge llega antes de las siete de la mañana, hace su respectiva marcación y empieza a ingresar al sistema a las personas que pasaron por el biométrico, en el transcurso del día organiza su trabajo en lo concerniente a documentos relacionados con incapacidades, horas extras, turnos y novedades, para luego hacer las respectivas liquidaciones.

 

Jorge Caicedo

 

A mediodía, el personal sabe que de 12:30 a 1:00 pm no hay atención, porque es su espacio del almuerzo e igual acontece después de las 4:30 pm, “ya saben que no le recibe correspondencia a nadie. Es un horario riguroso e inquebrantable”.

Don Jorge entiende que, por su trabajo, unos compañeros lo vean bien y que otros lo vean mal. Para él lo importante es saber que cumple a cabalidad con su labor. Al respecto manifestó, “Algunos saben que llegan tarde y mi deber es descontarle ese tiempo. Mientras no presenten justificación, toca hacer el descuento, entonces uno cumple con su deber y hay personas que se molestan por eso”.

Por ser tan estricto y serio en su trabajo, ha enfrentado momentos complicados, gracias a su agudeza mental y a su buena memoria, detectaba las ‘triquiñuelas’ de algunos empleados que pretendían hacer trampa con las marcaciones en los antiguos relojes de tarjeta perforada.

Cuenta que al llegar a la oficina encontró a la secretaria llorando y que ella lo abrazó y le echó la bendición. Asustado le preguntó ¿qué era lo que pasaba?

Ella, dice Jorge, le advirtió que había venido a buscarlo un tal Quiñónez y que gritó que lo iba a matar a él y a los demás liquidadores de tiempo.

Días después, recuerda, salió para el banco y se encontró frente a las dependencias del Concejo al autor de las amenazas, quien lo saludó por su nombre en diminutivo, ¡Hola Jorgito! como queriendo dar muestras de afecto y amistad.

“Ya te denuncié ante todas las ‘ías’ por amenaza de muerte y ruégale a Dios que nada me pase, porque el único que me ha amenazado sos vos”, fue la respuesta de Jorge al saludo.

Jorge sonríe al relatar la reacción de Quiñónez: “Usted hubiese visto como se puso, se cogió la cabeza, se arrodilló en el suelo y me dijo que cómo se me ocurría, que él nunca me haría eso, que lo perdonara, que por favor le quitara esas demandas y allí paró todo”.

El problema se había originado porque Jorge descubrió que el arrepentido autor de la amenaza marcaba sus ingresos y salidas en relojes de distintas sedes de EMCALI. Nadie sabía que cada reloj, siendo de igual marca, registraba la hora de manera diferente, por eso fue descubierto Quiñónez y otros más que pretendieron hacerle goles a Caicedo y a la empresa.

La liquidación de las horas extras, las incapacidades y demás novedades, requieren de su total concentración, entrega y responsabilidad, por ello, se ve forzado, en ocasiones, a llevar trabajo a casa.

“En la casa, la familia me reclama cuando llevo trabajo, preguntan que si no me alcanza el tiempo en la oficina para terminar mi labor, pero no entienden que las ocupaciones son tantas y que la responsabilidad y el proceso que manejamos es delicado”, anotó Jorge.

Conoce su trabajo, sabe que debe estar al día en sus actividades, que en cualquier momento le pueden solicitar la información para la nómina y es su obligación presentarla al momento que se la exijan. Deja su oficina entre 4:30 y 5:00 pm y queda claro que en el día a día de Jorge Enrique Caicedo Cuero no hay tiempo para relajarse.


Unidad de Comunicaciones

Jaime Erazo

Jorge Caicedo un liquidador de tiempo sin tiempo para relajarse

14/11/23 12:17

 

Jorge Enrique Caicedo Cuero, tiene 65 años, 41 de los cuales ha dedicado a trabajar en EMCALI. Su cargo, analista de registro y control de tiempo, es supremamente delicado, porque ese tiempo, esas horas que registra a diario, se convierten en dinero, por ello, tiene que hacer bien su trabajo, con el mínimo posible de errores.

Llegó a la empresa gracias al deporte; por sus habilidades futbolísticas entró a formar parte de la Selección de EMCALI y esta condición lo afianzó en su aspecto laboral. Era los tiempos en que ganar el torneo interempresas significaba mucho en la ciudad.

 

Jorge Caicedo

 

Ingresó como mensajero, luego pasó a ser auxiliar de oficina, concursó y fue nombrado en lo que llamaban para la época “el apuntador de tiempo”. Después pasó a cumplir funciones en recursos humanos y, ahora, el cargo se denomina analista de registro y control de tiempo.

Con el correr de los años el cargo de Don Jorge ha evolucionado. En un inicio se utilizaban tarjetas control elaboradas en cartón o cartulina que correspondían, por su número de registro, a cada empleado. Eran las históricas tarjetas de perforación.

Al cabo de unos años llegaron los relojes de mano, dispositivos electrónicos en los que el trabajador colocaba su mano y marcaba; si salía luz verde había marcado bien, si daba luz roja, no había registrado la marcación, debiendo repetir el proceso hasta que alumbrara en verde y quedara registrado el ingreso.

“Con el paso de los años, nos modernizamos y llegaron los relojes biométricos, que son los actuales. La persona se aproxima al lector, dicho lector le toma el rostro y le dice acceso correcto, quedando el registro exacto de la hora de ingreso. Hay personas que registran cuatro veces al día, otras dos y otras no registran, porque están exoneradas”, afirmó Jorge Caicedo.

La marcación biométrica trajo consigo muchas ventajas, ya no hay espacio para marcaciones fraudulentas o para equivocaciones a la hora de liquidar el tiempo de cada uno de los trabajadores.

Jorge llega antes de las siete de la mañana, hace su respectiva marcación y empieza a ingresar al sistema a las personas que pasaron por el biométrico, en el transcurso del día organiza su trabajo en lo concerniente a documentos relacionados con incapacidades, horas extras, turnos y novedades, para luego hacer las respectivas liquidaciones.

 

Jorge Caicedo

 

A mediodía, el personal sabe que de 12:30 a 1:00 pm no hay atención, porque es su espacio del almuerzo e igual acontece después de las 4:30 pm, “ya saben que no le recibe correspondencia a nadie. Es un horario riguroso e inquebrantable”.

Don Jorge entiende que, por su trabajo, unos compañeros lo vean bien y que otros lo vean mal. Para él lo importante es saber que cumple a cabalidad con su labor. Al respecto manifestó, “Algunos saben que llegan tarde y mi deber es descontarle ese tiempo. Mientras no presenten justificación, toca hacer el descuento, entonces uno cumple con su deber y hay personas que se molestan por eso”.

Por ser tan estricto y serio en su trabajo, ha enfrentado momentos complicados, gracias a su agudeza mental y a su buena memoria, detectaba las ‘triquiñuelas’ de algunos empleados que pretendían hacer trampa con las marcaciones en los antiguos relojes de tarjeta perforada.

Cuenta que al llegar a la oficina encontró a la secretaria llorando y que ella lo abrazó y le echó la bendición. Asustado le preguntó ¿qué era lo que pasaba?

Ella, dice Jorge, le advirtió que había venido a buscarlo un tal Quiñónez y que gritó que lo iba a matar a él y a los demás liquidadores de tiempo.

Días después, recuerda, salió para el banco y se encontró frente a las dependencias del Concejo al autor de las amenazas, quien lo saludó por su nombre en diminutivo, ¡Hola Jorgito! como queriendo dar muestras de afecto y amistad.

“Ya te denuncié ante todas las ‘ías’ por amenaza de muerte y ruégale a Dios que nada me pase, porque el único que me ha amenazado sos vos”, fue la respuesta de Jorge al saludo.

Jorge sonríe al relatar la reacción de Quiñónez: “Usted hubiese visto como se puso, se cogió la cabeza, se arrodilló en el suelo y me dijo que cómo se me ocurría, que él nunca me haría eso, que lo perdonara, que por favor le quitara esas demandas y allí paró todo”.

El problema se había originado porque Jorge descubrió que el arrepentido autor de la amenaza marcaba sus ingresos y salidas en relojes de distintas sedes de EMCALI. Nadie sabía que cada reloj, siendo de igual marca, registraba la hora de manera diferente, por eso fue descubierto Quiñónez y otros más que pretendieron hacerle goles a Caicedo y a la empresa.

La liquidación de las horas extras, las incapacidades y demás novedades, requieren de su total concentración, entrega y responsabilidad, por ello, se ve forzado, en ocasiones, a llevar trabajo a casa.

“En la casa, la familia me reclama cuando llevo trabajo, preguntan que si no me alcanza el tiempo en la oficina para terminar mi labor, pero no entienden que las ocupaciones son tantas y que la responsabilidad y el proceso que manejamos es delicado”, anotó Jorge.

Conoce su trabajo, sabe que debe estar al día en sus actividades, que en cualquier momento le pueden solicitar la información para la nómina y es su obligación presentarla al momento que se la exijan. Deja su oficina entre 4:30 y 5:00 pm y queda claro que en el día a día de Jorge Enrique Caicedo Cuero no hay tiempo para relajarse.


Unidad de Comunicaciones

Jaime Erazo